Celebración de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

«Señor de la Sangre» de Virú

El domingo, 06 de julio del 2025, es la festividad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, en el milenario pueblo de Virú, que es una secuencia de la de Corpus Christi. Con ella se completa en el año litúrgico la conmemoración de la Santísima Eucaristía: el Jueves Santo dedicado a recordar su institución durante la Última Cena; Corpus, a celebrarla especialmente bajo la especie del pan, y la fiesta que nos ocupa, bajo la especie del vino.

CULTO UNIVERSAL DE LA IGLESIA CATÓLICA:

El culto a la Preciosísima Sangre, es tan antiguo como el Cristianismo, ligado a la Cruz de Jesucristo, objeto primordial de la predicación apostólica (como puede verse en San Pablo). El derramamiento de sangre como expresión suprema del sacrificio, acto principal de la virtud de religión. No hay religión auténtica sin sacrificio y, consiguientemente, sin sacerdocio (por eso, el budismo, por ejemplo, es considerado más una filosofía).

El sacrificio de la Cruz canceló todos los demás de la Ley Antigua, defectuosos por la insuficiencia de las víctimas, que no podían satisfacer condignamente el honor y la justicia divina. Jesucristo, el Verbo de Dios encarnado, hecho víctima, satisface no sólo condignamente, sino sobreabundantemente, porque todos sus actos son a la vez divinos y humanos; y, por lo tanto, infinitamente meritorios. Por eso, Nuestro Señor instituyó la Santa Misa, por medio de la cual se renueva el sacrificio cumplido históricamente sobre el Calvario. Así también se prolongan en el tiempo y en el espacio; y, se aplican de modo actual los efectos saludables de éste.

La devoción a la Preciosísima Sangre, latente en la Iglesia de los Mártires (cuya sangre derramada en testimonio de su fe era considerada participación de la Sangre del Redentor) y en la vida de los santos padres, sobre todo, gracias a San Agustín, conoció un gran desarrollo durante la Edad Media

Se ha de considerar asimismo la existencia de reliquias de la Preciosísima Sangre, cuyo culto está en el origen de muchas cofradías, como el Santo Grial, que, según, cuenta la Tradición, fue el cáliz usado por Nuestro Señor en la Última Cena y contuvo parte de la Preciosísima Sangre derramada sobre la Cruz.

La introducción del culto de la Preciosísima Sangre en la Liturgia Católica es más bien reciente. En Roma existía una cofradía a ella dedicada bajo Gregorio XIII (1572-1580). En 1808, san Gaspar del Búfalo (fundador de los Misioneros de la Preciosa Sangre) revive una cofradía dedicada a ella; y es elevada a archicofradía y enriquecida con numerosas indulgencias por Pío VII (1800-1823).

Se aprobó el Escapulario Rojo, con decreto en 1849, estableciendo una fiesta peculiar en honor de la Preciosísima Sangre a celebrarse en Roma con misa propia el primer domingo de julio. No podía ser más oportuno este recuerdo tan especial de la Pasión de Jesucristo en unos difíciles momentos para el Pontificado Romano, en trance de pasar su propia pasión por obra de la Revolución liberal y del renacimiento místico.

En el año santo de 1933, para conmemorar el milésimo nongentésimo aniversario de la Pasión de Nuestro Señor, Pío XI extendió la festividad de la Preciosísima Sangre a la Iglesia universal con la categoría litúrgica de doble de primera clase (la máxima).

Celebración el primer domingo del mes de julio, de cada año.

Esta Festividad data desde el 02 de julio de 1819; para posteriormente en 1850, instituir la celebración el primer domingo de julio de cada año, como una forma de ordenar las fiestas religiosas dentro del año por parte de las autoridades parroquiales en nuestra Intendencia Regional, en base a lo dispuesto por el Vaticano.

Es necesario tomar en cuenta que las campanas y las pilas de agua bendita, fueron expresamente mandadas confeccionar en el año 1795, fecha en la que se supone se construye la Iglesia San Pedro de Virú.

VERSIONES SOBRE EL ORIGEN DE LA CELEBRACIÓN DE LA FESTIVIDAD EN VIRÚ:

Una de ellas, es la que menciona que los primeros religiosos que llegaron en el siglo XVI a esta parte de la costa nor peruana, construyeron un templo (con imágenes traídas desde España: San Pedro, San Pablo, Virgen de la Asunción, San Juan Bautista, San José, Virgen del Carmen, la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Virgen de los Dolores, San Isidro Labrador, entre otras) y un convento en Huamanzaña (parte alta del Valle de Chao), como centro de evangelización de los nativos Virú y de Santiago de Chuco (Canrás, Uningambal, Huaso, Calamarca, Santa Rita, Monte Grande, Huaraday y Calipuy pertenecían a dicha jurisdicción).

Una de las instituciones que permitieron una rápida conversión de los nativos fue la Santa Inquisición (Tribunal del Santo Oficio); dedicadas a la supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia Católica, aunque también hubo un tribunal del mismo género entre el calvinismo y otras denominaciones protestantes. La inquisición española fue entre los años 1478-1821, lo que se trasladó a nuestro país (1570-1820) por los conquistadores.

Para unos fue la rebelión de los nativos ante el abuso de la Santa inquisición; y, para otros fueron hacendados no creyentes, los que destruyeron el templo y el convento; pero no las imágenes que estaban dentro de él, por temor a lo ignorado. En tal sentido dichas imágenes quedaron a la intemperie.

Unos campesinos viruñeros católicos, que visitaron Huamanzaña, se sorprendieron por el estado de las imágenes y optaron por traerlos a la Iglesia San Pedro de Virú; cruzando el portachuelo desde Buena Vista (que era la única Hacienda del Valle de Chao); dejándolos instalados en el mismo; pero grande fue su sorpresa al día siguiente, ya que no estaban las imágenes de San Juan Bautista y de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, donde los habían dejado.

Se formaron piquetes de búsqueda al mando del Sacerdote de Virú; encontrándose a la imagen de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Huaca Santa Clara (antes fue centro de adoración de la deidad viruñera: AIA PAEC); y, a la de San Juan Bautista a un costado (parte alta) de la hacienda de Buena Vista.

Con gran esfuerzo, los llevaron a la Iglesia San Pedro de Virú; pero al día siguiente nuevamente, desaparecieron ambas imágenes, las que encontraron en el mismo lugar.

El sacerdote, dispuso que se construyan altares con material del lugar (algarrobos, esteras, cañas bravas y pájaro bobo) en los lugares donde estaban las imágenes; para posteriormente hacer una capilla para la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y una Iglesia para San Juan Bautista.

Desde esa fecha, los chequepanos (viruñeros asentados cerca a la Huaca Santa Clara) fueron y son los principales devotos de la imagen, conocida también como “Señor de la Sangre”, quienes los transportan en sus hombros y sus mujeres adornan el piso con flores silvestres o especialmente cultivadas para tal fin.

Posteriormente, la imagen de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, fue trasladada a la Iglesia San Pedro de Virú, desde donde cada primer domingo de Julio de cada año, se lleva a la capilla de la huaca Santa Clara, en procesión, donde pernocta hasta el día siguiente, acompañado por sus fieles devotos quienes entonan cánticos hasta el amanecer, para luego de una misa, regresar a la Iglesia en compañía del “Señor de la Sangre de Huamanzaña”. A la altura de la ex escuela de varones N° 255 (Hoy Nuestra Señora del Perpetuo Socorro) donde se instala una capilla de palos y plantas de plátanos, adornada con sábanas a San Isidro Labrador, la imagen es recibida, en señal de bienvenida, por las imágenes de San Pedro (Patrón de Virú), San Pablo y la Virgen de la Asunción, con quienes hacen el recorrido hasta la Iglesia mencionada.

OTRAS VERSIONES, señalan que el Templo de Huamanzaña, se quemó sola, pero las imágenes no sufrieron daño alguno, lo que fue considerado como un milagro, por parte de los creyentes católicos; mientras que otros, dicen que Huamanzaña fue abandonado por los religiosos, al considerar que ya habían cumplido su evangelización y trajeron sus imágenes a la Iglesia San Pedro de Virú; pero sucedió lo antes mencionado con ambas imágenes.

En la actualidad, una Mayordomía, integrado por devotos de la feligresía, cumple con la realización de diversas actividades tradicionales tanto eclesiásticas (misas, procesión, etc) como costumbristas (entrada de bandas típicas y de música, retretas, reparto gratuito de chicha de jora y del plato tradicional llamado BODA, cirios, etc.) que se llevan a cabo en el marco de un programa especialmente preparado conjuntamente con la autoridad parroquial.

La festividad, es una expresión de identidad viruñera, que de modo consciente se ha ido reforzando en las últimas décadas; constituyéndose en un ejemplo de la notable creatividad de su cultura, que se expresa en sus creencias, música y danzas, tradición oral o gastronómica, que a la fecha trasciende las fronteras nacionales.

 

«Señor de la Sangre de Huamanzaña».

Desde que la imagen de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, fue trasladada a la Iglesia San Pedro de Virú; para perennizar dicho recorrido, los vecinos de Huamanzaña, que comprendía desde Buena Vista hasta el contrafuerte andino o ceja de sierra, entre los que se encuentra Monte Grande, se venera la mencionada imagen replicada en un tamaño menor llamada “Señor de la Sangre de Huamanzaña”, que inicia su recorrido hacia la ciudad de Virú desde la casa de la familia Montalvo Cuba, donde tiene una pequeña capilla, ingresando el 24 de Junio de cada año a Buena Vista, donde se celebra el día central de la Fiesta de San Juan Bautista, donde permanece hasta que culmina la celebración del Santo Patrón de dicha localidad; para luego el lunes previo a la festividad, ingresar al Centro Poblado de San José donde los comuneros le rendían pleitesía por dos días; de allí continúa su recorrido hasta el callejón Lima (que era el camino hacia la capital antes de que se construya la carretera panamericana) donde tenía dos esclavos altareros que lo recibían, un día cada uno en sus domicilios (miércoles y jueves previo).

El día Viernes, después del ingreso de las Bandas de músicos y típicas, desde el frontis de la Iglesia San Pedro de Virú, se trasladan a la vivienda del último altarero de la calle Lima, para acompañar en procesión al Señor de Huamanzaña hasta la santa iglesia de la ciudad capital del cañán y la ciruela; para ser colocado en un anda especial y acompañar las celebraciones eclesiásticas programadas.

El día central por la tarde, en la esquina que forman las calles Manco Cápac y Santa Clara, le construye un altar para esta imagen, que es instalada dando frente a la capilla de la huaca Santa Clara, y luego de la letanía respectiva en presencia de la milagrosa imagen de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, se inicia de inmediato, la quema de los juegos artificiales por toda la calle Santa Clara hasta su Capilla en la Huaca Santa Clara.

El día Lunes, siguiente a la celebración central, después de la celebración de una misa a las 7.00 am, se inicia la procesión de retorno de la imagen de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de la huaca Santa Clara a la Iglesia San Pedro de Virú, se procede a despedir en feliz viaje hacia Monte Grande al “Señor de la Sangre de Huamanzaña”, cuyos “esclavos” son los integrantes de la familia Montalvo Cuba, hasta el próximo año.